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30 de noviembre de 2011

IV Concurso de Microrrelatos Calle Sol: Relato 1

Vuelves a ahogar tu sueño en el velo tenue de tu indolencia. Envuelves la esperanza en tu vana carestía de vigor, y nada arremete contra tu ciego impulso contingente. Ya tus ojos de jade, vueltos hulla, no ven mi iris refulgir, preso de tu mirada. Nuestra danza noctívaga no volverá a ser interpretada por los cuerpos candentes al ritmo del oboe y el cello. Y no te conmueves.

¿Encuentras mi fantasma entre el humo gris de tu memoria? ¿O acaso soy ya sólo etéreo sueño, esbozado en el limen del lunático onirismo?

Mi cuerpo yace, lúgubre y ebrio de melancolía, ante el postremo abismo del lecho abandonado. Los latidos crónicos se desvanecen cual la leticia en los rostros cenicientos, y se apaga lentamente su compás, hasta hundirse en el silencio mudo. El silencio sempiterno. ¿Y no te conmueves?

IV Concurso de Microrrelatos Calle Sol: Relato 2

El Sol se encaramó a las nubes cuando salí de Roales, dejando que un rayo displicente me cegara. Involuntariamente cerré los ojos y empecé a reproducir la cinta de viejos recuerdos nebulosos.

Podía oír el ruido de lo que yo creía un motor bajo mis chiquitos pies, avanzando a través de adoquines de piedra. Al mismo tiempo, sentía como mis labios carmín asumían la forma de una leticia sonrisa mientras me acercaba, cada vez más aprisa, a mi madre, esperándome con los brazos abiertos y gritando mi nombre con su dulce voz. Lucía el Sol de Invierno.

Salto de pista.

Bajo el cálido Sol de junio, empujaba apremiado los pedales de mi bicicleta nueva dejando atrás velozmente el Rvbicón. Alea iacta est. Llegaba tarde al examen; no había estudiado.

Fin de la reproducción.

El rayo se apaga y continúo calle abajo. El tiempo pasa, e inesperadamente, sigo en Sol.